Las Bodas Alquímicas
En 1616 aparecía en Estrasburgo una de las obras más relevantes de la literatura
esotérica europea, “Las Bodas Químicas de Christian Rosacruz”. Advirtamos, antes
que nada que, en la época, “químico” era sinónimo de “alquímico”, por lo cual
podemos hablar aquí de unas “Bodas Alquímicas”, e incluso considerar este libro
como un tratado de alquimia. Pero “Las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz”
son algo más que un simple tratado hermético, se trata de una obra multidimensional,
en la que las nociones corrientes de espacio y tiempo se encuentran trascendidas
desde las primeras líneas. La trama tiene lugar en un espacio y en un tiempo reales,
pero distintos a los que normalmente conocemos. Se desarrolla en el sugestivo plano
del símbolo, que está en un nivel de conciencia superior al nuestro, y no inferior como
creen algunos psicólogos.
Este libro contiene la descripción simbólica, no podría serlo de otro modo, del proceso
de la Iniciación. Lo aborda con una belleza y una precisión tales, que ha cautivado a
la mayoría de esoteristas posteriores. A los sentidos alquímico e iniciático ha de
añadírsele el místico. El equívoco término de mística no posee aquí, sin embargo, el
significado inadecuado y desencarnado que se le atribuye desde hace algunos siglos.
Si investigamos en la raíz mystikos, veremos que el místico es el “Iniciado a los
Misterios”. Este misterio es el del hombre mismo, el del hombre interior, ora
prisionero en una torre, ora cautivo de una serpiente o reo de un feroz dragón.
Las “Bodas Alquímicas”, divididas en siete días son, pues, una delicada y hermosa
alegoría de las Siete Puertas que el místico ha de atravesar, de los siete órganos
sutiles del hombre que según el sufismo van despertándose progresivamente a lo
largo de su ascensión espiritual, o de los siete días de la Creación del Hombre
Perfecto, el Adam Kadmón de los kabalistas. Siete días porque siete son las jornadas
en las que se divide este libro, evocando sin duda los siete pétalos de la rosa mystica.
Entre los egipcios el siete era el número de la vida eterna, y esta vida eterna no es
sino la que sucede a la resurrección, el gran misterio hacia el que, como veremos, se
dirige la trama de las “Bodas Alquímicas”.
Hacemos estas comparaciones porque creemos que las “Bodas” aparecieron en un
momento histórico-cultural muy especial, abarcando y, en cierto modo, conjugando
los conocimientos esotéricos anteriores. En ellas encontramos la sabiduría ancestral
de los egipcios, de los caldeos, los griegos junto a la perspicacia de los kabalistas y la
simbólica poética del Islam. Todo ello, evidentemente, en el lenguaje típico de los
esoteristas de la época, alimentado principalmente en el espíritu cristiano y la
revelación hermética, evocador de una gnosis no desprovista de humor y de poesía.
El protagonista, Christian Rosacruz, relata su maravilloso viaje al “Palacio Cerrado
del Rey”, donde ha de asistir a las Bodas Reales. Una o vanas aventuras
particulares ocupan cada una de las siete jornadas que componen el relato. La
primera comienza la víspera de Pascua cuando, durante su meditación y sus
oraciones, Christian Rosacruz recibe la visita de una mujer alada de extraordinaria
belleza que le entrega una carta invitándole a las Bodas Reales. Esta idea, expuesta
de otro modo, aparecía ya en el Evangelio1 o en un bellísimo escrito del cristianismo
primitivo llamado “El Canto de la Perla”. Para asistir a tan magno acontecimiento,
Christian ha de revestir una túnica de lino blanco, colocar en su pecho una cinta roja
en forma de cruz y fijar cuatro rosas rojas en su sombrero. Así emprende el fantástico
viaje cuya lectura apasionará a más de un lector, despertando quizás en él una
nostalgia misteriosa y cautivante, la del Banquete de las Bodas al que muchos están
llamados, pero cuyo camino es por pocos elegido.
La Alquimia Cristiana y el Rosacrucismo
Al estudiar las Bodas Alquímicas es imprescindible, como hemos visto, referirse a la
Alquimia, cuyas enseñanzas afloran a lo largo de sus siete jornadas. Toda la obra
escrita y plástica atribuida a los miembros de la Rosa-Cruz rezuma el saber de los
alquirnistas, hasta el punto de que la idea misma de la “Rosa” y la “Cruz” asociadas
expresa ya una operación alquímica.
Los dos manifiestos Rosacruces y las Bodas Alquímicas se apoyan en numerosos
puntos de las doctrinas alquímicas. Si bien es cierto que el hermetismo ejerció en la
época una influencia notable en los medios artísticos y literarios, y su simbolismo se
encuentra en casi todas las manifestaciones del espíritu humano, tenemos, con la
trilogía rosacruz, un bellísimo ejemplo de lo que se ha convenido en llamar “Alquimia
Cristiana”.
Todos los autores, herméticos y profanos, hacen remontar el “Arte Regio” al Antiguo
Egipto. A través de los griegos, cuya mitología, aparentemente contradictoria y
confusa, es una de las exposiciones simbólicas más precisas y completas del Arte
Hermético, y de los hebreos, la Alquimia se impuso en la Europa culta. No es
desdeñable, sin embargo, la aportación árabe; fue decisiva, a través de los sabios
instalados en la Península Ibérica y los intercambios culturales que facilitaron las
Cruzadas.
Basándose en unos presupuestos que no están en contradicción con ninguna de las
grandes religiones reveladas, la alquimia ha podido florecer en Egipto, Israel, India,
Tibet, China o Grecia. Como escribía Emmanuel d'Hooghvorst: “la alquimia no es
una de las ramas del esoterismo, es su llave o su Piedra Angular”.1 Es, por lo tanto,
lógico que el Gran Arte se encuentre en las bases mismas de las doctrinas
rosacruces.
Pero, ante todo, veamos qué es la alquimia. Para Pierre Jean Fabre se trata de “una
ciencia verdadera y sólida que enseña a conocer el centro de todas las cosas, llamado
en el Lenguaje Divino “Espíritu de Vida”.2 Para Roger Bacon se trataría de “la
ciencia que enseña a preparar una cierta medicina o elixir que, proyectado sobre los
metales imperfectos, les comunica la perfección”.3
El alquimista es, ante todo, un filósofo que conoce a la perfección sus Escrituras
Sagradas y que está dotado de la Sabiduría a la que ama (no olvidemos que,
literalmente, filósofo significa “amante de la Sabiduría”). El alquimista es capaz de
elaborar la “Piedra Filosofal” que regenerará al hombre y a la naturaleza caída.
1 Ver su Ensayo sobre el Arte de la Alquimia, pág. 20. (Reeditado en LA PUERTA - ALQUIMIA, Ed.
Obelisco.)
2 Ver P. J. Fabre, Abregé des Secrets Chymiques, París 1636, pág. 10.
3 Ver Roger Bacon, Speculum Alchimiæ, septem Capitibus, Norimbergæ 1614.
Los alquimistas árabes, que tanta importancia tuvieron en el shiismo, eran todos
musulmanes. Los alquimistas chinos que, gracias a los trabajos de Mircea Eliade, el
profesor Chkashige u otros, hemos podido conocer, profesaban la religión taoísta; es,
pues, lógico que los adeptos europeos medievales hicieran una alquimia cristiana.
La alquimia cristiana floreció al mismo tiempo que la llamada “Kabala Cristiana”.
Nos encontramos con que algunos de los representantes más notables de ésta fueron
también alquimistas (pensamos especialmente en Pico de la Mirandola y en Blaise de
Vigenère). En todos ellos existe una constante: su profundo y original conocimiento
de las Escrituras, que interpretan bajo una hermenéutica kabalística o alquímica.
En la trilogía rosacruz podemos apreciar también un profundo conocimiento del Libro
Sagrado, así como una inmensa cultura mitológica. El autor de las “Bodas
Alquímicas”, por ejemplo, que comienza su libro inspirándose en los evangelios (ver
nuestras notas a la primera jornada), manifiesta también una cierta erudición en lo
que a la mitología grecorromana se refiere. Este mismo autor parece también tener
un gran conocimiento de los escritos de los autores herméticos, como podemos ir
observando a lo largo de la obra.
Christian Rosacruz
Según la Confessio y las “Bodas Alquímicas”, el héroe de la trilogía rosacruz, el
mítico personaje al que debe su nombre y acaso su existencia esta enigmática
fraternidad, nació en 1376 y murió en 1484. Para Miguel Maier, Christian Rosacruz
habría sido contemporáneo de Raimundo Lulio, lo que situaría su nacimiento algo
más de un siglo antes de lo que declara la Confessio. Para algunas de las escuelas
que actualmente se autodefinen como “Rosacruces”, Rosacruz sería un maestro, un
“superior invisible”, que se va reencarnando a lo largo de los siglos con nombres
distintos y personalidades diferentes. Notemos, sin embargo, que en ninguno de los
auténticos tratados rosacruces que comentarnos se habla en ningún momento de
“reencarnación”.
Sea como fuere, su nombre es demasiado revelador, Christian Rosacruz es un
personaje mítico, simbólico, sin origen histórico. Pero decir mítico no es decir irreal.
La realidad de Rosacruz, como la de los avatares hindúes o la del Kezr islámico es
transhistórica. Si bien Whittemans,1 un autor de filiación teosofista, se ha esforzado
en hacer corresponder al protagonista de la Fama Fraternitatis con un miembro de la
familia Von Roesgen Germelhausen, sus afirmaciones carecen de la documentación
adecuada donde apoyarse y están en contradicción con los datos aportados por
rosacruces de la época de los manifiestos.
Poco hay que decir de los delirios teosofistas de madame Blavatsky o Annie Besant
que, sin aportar ningún tipo de prueba aceptable, afirman que Rosacruz vivió en el
siglo XIV y se reencarnó sucesivamente en Francis Bacon (1561-1626) y,
posteriormente, en el enigmático Conde de Saint-Germain (1696-1784).
Sólo hay que detenerse en su nombre y su apellido para adivinar que Christian
Rosacruz se refiere a algo concreto, a una realización espiritual precisa. Christian
indica que se trata de la realización crística, y Rosacruz alude al camino que conduce
a ella: la cruz. Uno de los adagios rosacruces más evocadores, que comentaremos
más adelante, per crucem ad rosam, aporta quizá la clave para comprender lo que
acabamos de afirmar. Por otra parte, las mismas siglas C. R. pueden interpretarse
como Christi Resurrectio (resurrección del Cristo), rememorando el misterio máximo
de las religiones reveladas, la realización precisa a la que nos hemos referido.
René Guénon no se cansa de repetir que el estado de Rosa-Cruz es el estado
primordial del hombre, restaurado. Deducimos de ello que han existido Rosacruces
auténticos en otras épocas y en otras latitudes, recibiendo otras denominaciones.
Christian Rosacruz es, en cierto modo, su arquetipo.
1 Ver Fr. Wittemans, Histoire des Rose-Croix, Ed. Adyar París 1925.
La Rosa-Cruz es, pues, una gnosis en el verdadero sentido de esta palabra2 tal como
lo entendía T. Basilide, o sea, el estado en el que se conoce al “Verbo Redentor que
nos hace volver a encontrar la Palabra Perdida, que es uno de los aspectos del
misterio de la Cruz”.3
Esta gnosis, repitámoslo, no ha sido nunca patrimonio de una época o de un lugar. Se
la encuentra en todos los pueblos y en todas las épocas.
2 Gnosis procede de gignere, engendrar y se refiere a la regeneración y al conocimiento que ésta permite
que tenga lugar. Como ha ocurrido con muchas otras palabras, este término se aplica en la actualidad en
un sentido abstracto muy desviado del original.
3 Ver T. Basilide en “Le Voile d’Isis”, agosto-septiembre. de 1930, págs. 128 y 219.
Jean Valentin Andreae
Jean Valentin Andreae, el supuesto autor de las “Bodas Alquímicas” nació en
Herrenberg en 1586; siguiendo la tradición familiar, se consagró ardientemente al
estudio y a la difusión del luteranismo, alcanzando diversas dignidades eclesiásticas
concedidas por el duque Augusto de Brunswick.
Siendo su padre abad de Königsbrom, Jean Valentin recibió en este convento su
primera educación, y se hizo notar por su extraordinaria sensibilidad y sutil
inteligencia. Este episodio de su vida nos recuerda a la de Christian Rosacruz, cuya
infancia también transcurrió en un convento hasta los dieciséis años. Esta semejanza
es tanto más curiosa, y no entendemos cómo ninguno de los especialistas en el tema
lo ha señalado, si pensarnos que la edad en la que Christian Rosacruz abandona el
convento e inicia su peregrinación hacia el Santo Sepulcro, es la misma en la que
Jean Valentin Andreae declara haber escrito su libro: dieciséis años.
Gracias a su inacabada autobiografía póstuma, conocemos algunos detalles íntimos
de la vida de este hombre, que confiesa que su existencia estuvo llena “de extravíos,
cambios, tempestades, obstáculos, calumnias, persecuciones, luchas, opresiones,
enfermedades y mala suerte”.
Jean Valentin Andreae, asustado quizá por el inesperado éxito de las “Bodas
Alquímicas” y por la enorme influencia que tuvo esta obra sobre grupúsculos de
esoteristas que rápidamente se declararon “Rosa-Cruces”, afirmó que las “Bodas
Alquímicas” no eran más que “un divertimento de juventud” escrito a los quince
años.1
Para algunos estudiosos posteriores, esto tendría que interpretarse “quince años
después de su iniciación”, lo cual no es tan descabellado si pensamos en la edad en la
que Ireneo Filaleteo escribió su “Entrada Abierta al Palacio Cerrado del Rey”2 o en
que, por ejemplo, las edades masónicas son también simbólicas.
Utilizando el seudónimo de Florentius de Valentia, Andreae publicó una Invitación a
la Fraternidad de Cristo, la Rosa Florida3 exhortando a la práctica de la vida
cristiana, la simplicidad, el amor fraternal y la oración en común.
Entre las numerosas obras de este autor se cuenta también una Descripción de la
República de Cristianopolis4 en la que intenta describir la ciudad y la sociedad
1 Otros autores, por ejemplo Auriger (Les noces Chimiques de Christian Rosenkreutz, pág. VI) afirman
que fue a los dieciséis.
2 Ver nuestra edición de esta obra, publicada por Ediciones, Obelisco.
3 Invitario ad Fraternitaten Christi Rosa Florescens, Argentorati 1617.
4 Republicae Christianopoliae Descriptio, Estrasburgo 1619
ideales, manifestando ideas muy cercanas a las de la Fama Fraternitatis y la
Confessio.
Inspirándose en sus obras, se formaron varias sociedades o fraternidades que tanto
por su exaltación como por su número, llegaron a asustar a las autoridades
eclesiásticas.
La Masonería y la Rosa-Cruz
Reconocido en 1787 y plenamente aceptado en 1804, tenemos, en el Rito Escocés
Antiguo y Aceptado de la Masonería, el grado 18, llamado “Soberano Príncipe
Masón de Rosa-Cruz, Caballero del Águila y del Pelícano”. Según algunos autores,
al ir desarrollándose y adquiriendo poder la Masonería, los miembros de los grupos
rosacruces fueron entrando en ella y, con ellos, se introdujeron sus ritos y su
simbolismo. El grado de “Caballero Rosa-Cruz” fue introducido por el Barón de
Tschoudy, famoso por sus conocimientos relativos al hermetismo, más o menos hacia
1765.
El “Sapientísimo”, o sea, el presidente de un capítulo que trabaja en este grado 18,
recibe el nombre de Athirsatha. Según Jean-Pierre Bayard,1 Elaz Athirsatha, que en
hebreo significa “fundidor de Dios”, correspondería a Elías Artista de los
Rosa-cruces. Este autor cita un ritual del grado 18 del Rito Escocés para el
“Caballero Rosa-Cruz” del que traducimos a continuación un pasaje muy revelador:
El Sapientísimo: Caballero primer Guardián, ¿qué objetivo se proponen los
Caballeros Rosa-Cruz?
Primer Gran Guardián: Combatir el orgullo, el egoísmo y la ambición, para hacer
que en su lugar reinen la abnegación y la caridad.
El Sapientísimo: ¿Quién os ha recibido?
Primer Gran Guardián: El más humilde de todos.
El Sapientísimo: ¿Por qué era el más humilde?
Primer Gran Guardián: Porque era el más alumbrado y sabía que toda inspiración
viene de arriba.
En otros rituales de los Caballeros de la Rosa-Cruz recogidos por Le Forestier2 nos
encontramos con algunos detalles sumamente curiosos, relacionados todos ellos con
la Pasión y Resurrección de Jesucristo. Uno de los más significativos es una cruz con
un letrero en el que está escrito I.N.R.I., de la que cuelgan un paño y una rosa. En la
misma sala hay también tres columnas en las que constan los nombres de las tres
virtudes teologales. El recipiendario, que ha de encontrar la Palabra Perdida, es
conducido sucesivamente ante cada una de estas tres columnas y se le hace leer en
voz alta las inscripciones: “Fe, Esperanza, Caridad” hasta llegar a la Palabra
Perdida: I.N.R.I. Si algunos autores han comparado la cruz al crisol de los
alquimistas,3 para otros la rosa sería el fuego renovador, interpretando la divisa
I.N.R.I. como Igne Natura Renovatur Integra (Por el Fuego la Naturaleza se renueva
integralmente).
1 Op. cit., pág. 244.
2 La F. M. Templière et Occultiste au XVIIIème et XIXème siècles. Publié et préfacé par Antoine Faivre.
Ed. Aubier-Montaigne, París 1970.
3 Crisol procede del latín crucibulum, de la misma raíz que crux-cis.
Según evoca otro ritual masónico, influenciado por el rosacrucismo, durante el cual
se van alumbrando siete velas (no olvidemos que las “Bodas Alquímicas” se
componen de siete jornadas), al encender la última el Sapientísimo exclama:
“¡La Palabra de Vida, la Palabra de Regeneración ha sido reencontrada, sepamos,
como el Maestro, proclamar el peligro de nuestras vidas!”
No deja de ser casual que esta ceremonia tuviera lugar el domingo de Pascua,
después de la ceremonia de la Cena, o sea, en la misma época del año en que
comienzan las Bodas Alquímicas. Autores como Paul Naudon, que tanto han
investigado acerca del origen de este grado 18 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado,
opinan que con él “se sale del desarrollo del simbolismo masónico en el sentido
estricto para alcanzar otra forma de tradición, síntesis ésta de la vasta corriente
hermética”.4 Este mismo autor, que ha sabido ver en la francmasonería una vía
iniciática que enseña la ascensión del hombre al plano divino, afirma que hubieron
interferencias importantes entre los grupos rosacruces y masones. “Hay que pensar
que hubo, por las dos partes, mutuos intercambios rituales, ya que los dos
simbolismos están ligados entre sí por estrechas afinidades mutuas con el
hermetismo y la alquimia mística... entre la Francmasonería y la Rosa-Cruz las
fuentes y las vías iniciáticas eran demasiado vecinas para que ocurriera de otro
modo”.5
Como iremos señalando en el texto de las “Bodas Alquímicas” mediante notas al pie
de página, los símbolos que aparecen con una profusión sorprendente a lo largo de
toda la obra, a menudo están relacionados con la masonería. No olvidemos que en
sus orígenes esta Orden perseguía fines espirituales, siendo su objetivo la
“edificación del Templo” que no es, en el fondo, más que una alegoría de la
edificación del hombre interior a partir de la “Piedra Bruta”, que ha de ser tallada
para contribuir a tan noble fin. Si en la actualidad sus objetivos y trabajos están más
orientados hacia el mundo profano y la política, hemos de pensar que se trata, en el
fondo, de la misma desacralización o secularización que está experimentando la
Iglesia. No deja de ser curioso que estas dos entidades, la Iglesia de Pedro y la
Iglesia de Juan, que tanto se critican entre sí, cometan el mismo error. Se trata, sin
lugar a dudas, de un “signo de los tiempos” y como tal hay que verlo.
4 Paul Naudon, Histoire et Rituels des Hauts Grades Maçoniques, Dervy-Livres, París 1966, pág. 50.
5 Paul Naudon, La Franc-Maçonerie Chrétienne, Dervy-Livres, París 1970, págs. 64 y 65.
Las Bodas Alquímicas y el Tarot de Marsella
Al estudiar el simbolismo de las “Bodas Alquímicas” es importante, casi
imprescindible, referirse al Tarot. A algunos les chocará que comparemos aquí estos
dos libros; hasta la fecha, aparte de algunas notas poco convincentes de Auriger, que
manifiestan tanta buena voluntad como incomprensión. creemos que nadie ha
publicado ningún estudio más o menos acertado y documentado en el que se ponga
frente a frente el Tarot y las “Bodas Alquímicas”. No vamos a hacerlo nosotros aquí,
estaría tan fuera de nuestras posibilidades como de los objetivos habituales de una
introducción, pero sí vamos a adelantar algunas constataciones que creemos serán
útiles a la hora de leer las “Bodas Alquímicas”. Señalemos también que nos hemos
basado en el Tarot de Marsella, el único a nuestro parecer que conserva en casi su
totalidad los nombres, colores y detalles del Tarot auténtico.
Las “Bodas Alquímicas” comienzan una noche en la que Christian Rosacruz está
sentado ante su mesa, después de realizar sus oraciones. El mismo texto nos indica
en qué época del año1 ocurre esto: en primavera. Esta escena tiene su contrapartida
en la carta n° 1 del Tarot, “Le Bateleur” o “El Mago”. Éste está también tras una
mesa. El color verde del interior de su sombrero y de un arbusto que se ve entre sus
piernas (lo que está arriba es como lo que está abajo), evocan también el verdor
primaveral. El sombrero en cuestión, que más parece un recipiente, parece indicar
que el Mago está recogiendo la virtud de la primavera, que le permitirá comenzar su
trabajo. Notemos que en la mesa del Tarot hay exactamente doce objetos, el número
de los apóstoles que asistieron a la Santa Cena y el de los signos del Zodíaco. Esta
primera carta se interpreta en cartomancia como el principio de algo, denotando las
ideas de originalidad, de creatividad. Se trata del comienzo de la Obra de la Creación,
que ha de restituir al hombre a su origen divino. La obra que ha de realizarse, el viaje
que ha de emprenderse o el libro que es preciso abrir y leer es, en el fondo, lo mismo:
aquello que conduce a la celebración de las Bodas Reales.
El simbolismo de la mesa, lugar en el que el Mago realiza su trabajo, puede asociarse
a la del espejo o al de la tabla. (En latín tabula-a. es al mismo tiempo mesa y tabla).
El Korán (Sura 85, 19 a 22) habla de la “Tabla preservada”, la Tabla de Allah que es
como un espejo en el que está escrito todo el Libro Sagrado. Observemos que esta
Sura 85 precede a la famosa Sura del “Visitador Nocturno”. Éste es “una estrella
fulgurante”, que atraviesa las tinieblas, guardián del alma. No es, pues, descabellado
relacionar a la estrella, que volverá a aparecer en el Tarot, con el ángel femenino,
hierofante de su propia alma, que se le aparece a Christian Rosacruz.
El famoso Liber Mundi del que hemos hablado y que aparece citado en varias
ocasiones a lo largo de las “Bodas Alquímicas”, nos recuerda al que sostiene la
Papisa del segundo naipe del Tarot. Señalemos únicamente que este libro está
abierto y la Papisa puede leerlo al descubierto, acaso porque se ha realizado ya la
famosa unión de la Rosa con la Cruz, pues el color rojo del vestido de la Papisa está
1 Ver nuestra segunda nota a las “Bodas Alquímicas”.
unido a los tirantes dorados en forma de cruz. Recordemos que al iniciar sus
aventuras, antes de penetrar en el Palacio, Christian Rosacruz ha de colocar en su
pecho una cinta roja en forma de cruz y poner en su sombrero cuatro rosas rojas, y
que la verdadera cruz. la cruz de resurrección, es una cruz de luz, una cruz dorada.
Como escribíamos en un sucinto estudio sobre la alquimia2 “Isis. madre naturaleza,
se contempla a sí misma en el libro de la naturaleza...” Pero, ¿nadie ha pensado que
quizás este enigmático libro no es diferente de la misteriosa tabla de la que hemos
hablado?
El Emperador y la Emperatriz (Cartas números 111 y IIII) nos recuerdan al Rey y a
la Reina de las Bodas.
Las dos columnas que podemos ver en el naipe n.° V del Tarot, aparecían en el
segundo día de las “Bodas Alquímicas”3. Se trata de las dos columnas del Templo.
A Cupido, que con sus afilados dardos está siempre al acecho de los mortales, lo
encontramos con frecuencia a lo largo de las “Bodas”; no es, pues, extraño verle
también en el Tarot, en el arcano n.° VI, donde se dispone a disparar, precisamente
en la mano, a uno de los personajes que en él aparecen. Al leer el quinto Día de las
“Bodas Alquímicas”, veremos que a Christian Rosacruz también le hirió en la mano,
“por haber casi sorprendido a su madre”, Venus.
Como ya comentaremos en una nota a pie de página a la segunda jornada, el naipe
n.° VII o “El Carro” tiene también su relación con las “Bodas Alquímicas”, ya que las
misteriosas siglas S. M. aparecen en el centro de esta carta.
La ceremonia más misteriosa de las “Bodas Alquímicas”, narrada en el tercer día, es
aquella en la que los invitados van a ser pesados. El acto justiciero que va a tener
lugar recibe, en el Tarot, el nombre de «La Justicia», a través del arcano n.° VIII en
el que podemos apreciar la espada y la balanza. La figura que aparece en el naipe
bien podría ser Astrea, diosa de la justicia en la mitología griega.
El arcano n.° XIII del Tarot, “La Muerte”, es harto evocador en lo que a este
misterio se refiere. Vemos en él las cabezas del Rey y de la Reina, que acaban de ser
cortadas por la mortífera guadaña. Se trata de la separación del principio masculino
del femenino.
El ángel alado del naipe n.° XIIII del Tarot, que recibe el nombre de “La
Templanza”, bien podría ser el mismo que se le apareció a Christian Rosacruz al
principio de las Bodas y que volvió a ver en el interior del Palacio.
Uno de los pasajes más curiosos del primer día de las “Bodas Alquímicas” es aquel
en el que Christian Rosacruz se encuentra, Junto con otros personajes, en el interior
2 Ver Mundo Desconocido, n.° 6, pág. 46.
3 Ver notas 27 y 28 a las “Bodas Alquímicas”.
de una torre. Todo el relato de lo que transcurre en el interior de la torre es
sumamente simbólico. No olvidemos que en las litanías se relaciona a la Virgen con
la Torre: “Turris Davídica”, “Turris Ebumea”... Recordemos también la torre en la
que, encadenada, estaba prisionera Danae. No pudo salir de ella hasta que cayó la
lluvia fecundadora y liberadora de Zeus.
La Dama que ordena que lancen las cuerdas liberadoras a los prisioneros de la torre
y que, bajo otra apariencia, es en el fondo la misma que se le apareció a Christian
Rosacruz al principio de las “Bodas”, está representada en el Tarot por “La
Estrella” del naipe n.° XVII, En el XVI, “La Casa de Dios”, aparecía una torre cuyo
techo se ha abierto como veremos ocurre también en las “Bodas Alquímicas”. Y ha
dejado salir a dos personajes que saltan y bailan de alegría. Como tendremos ocasión
de ver en el texto de las “Bodas”, Christian Rosacruz “ha implorado la misericordia
divina” para que le sacara de la torre. Las marcas que pueden apreciarse en las
rodillas del pantalón de los personajes del naipe n.° XVI confirman que han sido
desgastados por la plegaria, que en el fondo es quien hace descender la gracia
liberadora, en la que han implorado su liberación.
El personaje femenino que aparecía en el arcano n.° XVII bien podría ser Isis, la
Madre de las Aguas, Madre Naturaleza que colmaría de bienes a los hombres si “sus
ambiciones no fueran tan desmesuradas”, como indica uno de los poemas que
aparecen en la primera Jornada.
El arcano n.° XX del Tarot, “El Juicio”, no está tampoco sin relación con nuestro
libro. La trompeta que tañe el ángel que en él aparece así como el mensaje que
sostiene en su mano izquierda, son los mismos de los que nos hablará la primera
jornada de las “Bodas Alquímicas”. Este mensaje no está tampoco sin relación con el
que recibe el protagonista del “Canto de la perla”, cuyo contenido le es sumamente
familiar, pues se trata de las palabras que ya tenía escritas en su corazón.
En la Quinta Jornada4 haremos alusión a esta sugestiva carta que es “El Mundo”.
Como señalaremos en otra nota,5 el Génesis habla, en el fondo, de la Obra Hermética
que, según los alquimistas era comparable a la Creación del Mundo. El primer
capítulo de la Biblia enseña más el génesis del microcosmos filosófico que el del
mundo que nos rodea. Si consideramos, y ésta es la posición del esoterista, que este
mundo es un velo, la Biblia o cualquier otro libro revelado nos hablarán de aquello
que está detrás de él. Algo parecido ocurre con el Tarot con las “Bodas Alquímicas”,
que no colocaremos en la categoría de los libros revelados, pero cuyo objetivo es
despertar en nosotros la nostalgia del Mundo de Luz que nuestro mundo de tinieblas
recubre y oculta, e indicamos el camino que se dirige a él.
4 Ver nota 88 a las “Bodas Alquímicas”.
5 Ver nota 100 a las “Bodas Alquímicas”.
No podíamos dejar de citar, una vez hechas estas modestas apreciaciones sobre el
Tarot, dos inspirados artículos que sobre el tema aparecieron en los números 8 y 9 de
la revista belga Le Fil d'Ariane,6 a la que tendremos ocasión de referimos.
6 Dichos artículos fueron publicados en LA PUERTA - MAGIA (Ed. Obelisco, Barcelona).
El simbolismo de la Rosa-Cruz
Un análisis riguroso y completo del simbolismo Rosacruz exigiría de antemano el
estudio de un gran número de documentos, grabados, textos, etcétera, muchos de los
cuales no han sido publicados nunca. Con estas líneas finales sólo deseamos
proponer algunas apreciaciones relativas a los dos elementos principales de este
simbolismo: la Rosa y la Cruz, que creernos servirán de base a la hora de interpretar
otros símbolos menos fundamentales.
Todo simbolismo es doble, y esto se verifica aún más en el caso de unas “Bodas” en
las que, lógicamente, se casan dos elementos. Las letras C. R. que aparecían en la
Fama Fraternitatis y que son verosímilmente lo mismo que R. C., siglas de la
Rosa-Cruz, parecen indicar los dos elementos principales de este simbolismo. C. R.,
ya lo hemos señalado, designa tanto al protagonista de la trilogía rosacruz, Christian
Rosacruz, como al misterio de la Resurrección de Cristo: (Christo Resurrectio) o la
Cruz y la Rosa (Crux-cis; Rosa-æ).
Nos encontramos con el motivo de la rosa en casi todos los escritos esotéricos,
especialmente los de procedencia musulmana. Recordemos solamente la Rosa
Cándida, la Rosa de la Jerusalén Celeste de La Divina Comedia, obra que, según ha
demostrado Asín Palacios, manifiesta una profunda meditación e inspiración en
fuentes árabes. En la mística iraní, la rosa se asociaba a la Daena, el ángel femenino
hierofanía del alma del místico que, creemos, aparece también representado en la
primera jornada de las “Bodas Alquímicas”. Respirar el perfume embriagador de
esta “Rosa mística”, era una de las maneras de describir metafóricamente el
arrebato místico o el despertar espiritual.1
En la iconografía cristiana, la rosa aparece algunas veces como la copa que recoge la
sangre de Cristo, el Graal, y en otras como la transfiguración de estas gotas de
sangre.
Según Frederic du Portal2 “la rosa y su color eran símbolos del primer grado de la
regeneración y de la iniciación a los misterios”. Recordemos que la etimología de
rosa-æ procede de ros-ris, rocío, lluvia, uno de los símbolos de la bendición que da
entrada a los Santos Misterios. Se trata de la Torah de los hebreos, como nos deja
entrever el Zohar3 en sus primeras páginas.
Como la Daena iraní, perfectamente evocada en el atuendo luminoso del Canto de la
Perla, la Rosa busca encamarse, fijarse en el mundo de la materia, reunirse con su
contrapartida terrestre: la Cruz.
1 Respecto al simbolismo de la rosa aconsejamos la lectura del excelente artículo de Raimón Arola
publicado en el n.° 27 de La Puerta.
2 Des couleurs symboliques, París 1837, págs. 218 y ss.
3 Ver el Zohar publicado en esta misma colección.
Anterior al cristianismo, el simbolismo de la Cruz se ha enriquecido prodigiosamente
con él. Si lo estudiamos un poco a fondo, el cristianismo primitivo nos dejará conocer
el sugestivo tema de la “cruz luminosa”, especialmente en “Los Actos de Juan”. En
ellos se narra la experiencia que este apóstol tuvo en la montaña “para oír lo que un
discípulo ha de aprender de su maestro y un hombre de su Dios”, donde gozó de la
visión de la cruz luminosa y pudo escuchar las siguientes palabras: “Juan, es
necesario que algún hombre oiga de mí estas cosas; necesito que un hombre me
entienda. Por culpa vuestra he llamado a esta cruz de luz ora palabra, ora
inteligencia, ora Jesús, ora Cristo, ora puerta, ora camino, ora pan, ora semilla, ora
resurrección, ora Hijo, ora Padre, ora Espíritu, ora vida, ora verdad, ora fe, ora
gracia. Recibe todos estos nombres por culpa de los hombres. En realidad, concebida
por sí misma y expresada exteriormente para vosotros, es la marca que distingue a
todas las cosas, la fuerza que mantiene las cosas fijas...
“Esta cruz, pues, reúne a todas las cosas en ella por una palabra y las separa de las
cosas inferiores y, siendo única, devuelve todas las cosas a la unidad. Pero no es la
cruz de madera que verás yéndole de aquí...“ (Actos de Juan XCVIII-XCIX).
Jesucristo, en este párrafo tan poético como revelador, deja bien claro que su cruz no
es la de madera, aquella que se ha ido idolatrando desde hace veinte siglos, sino una
más real, que trasciende las nociones de espacio y tiempo a las que nos ha
condicionado nuestro estado caído. El sentido profundo de la religión cristiana, su
originalidad más genuina estriba, a nuestro entender, en la comprensión profunda y la
realización del misterio de esta cruz luminosa.
Otros textos, entre ellos la Epístola de Bernabé (IX-9) relacionan la cruz con la letra
Tau que, en griego tiene esta forma: T. Bernabé comenta un curioso pasaje del
Génesis haciendo alarde de una perspicacia propia de un kabalista: “Y circuncidó
Abraham, de su casa a trescientos dieciocho hombres”. Bernabé destaca que el texto
“pone primero los dieciocho y, hecha una pausa, los trescientos”.4 Esto se debe,
según él, a que dieciocho se compone de 1 y que vale 10 y de H, que vale 8, luego: IH
(óï õæ) (El nombre de Jesús). La T, que vale 300 representa a la cruz. Por otra
parte, el 18 o 14 corresponden, como la Rosa, al aspecto volátil o celeste, mientras
que la T, la Cruz o el 300 corresponden al terrestre o fijo.
Así como dijimos que la Rosa busca fijarse, encarnarse, la IH a la que alude Bernabé
sería lo que los kabalistas llamarían la Sabiduría, que busca quien la reciba, quien la
acoja y la fije. Es la bendición errante que grita a los hombres, pero éstos no la
escuchan; no olvidemos la oración hebrea de las 18 Bendiciones. En esto estriba todo
el sentido profundo de la hospitalidad, tan importante en las civilizaciones
tradicionales.
4 Recordemos que este autor se basaba en una traducción griega de las Escrituras. Ver Génesis XVII.
Como acabamos de ver en el magnífico pasaje de los Actos de Juan, la Cruz es la
“fuerza que mantiene todas las cosas fijas”; no sin razón era, entre los alquimistas, el
símbolo de la sal, capaz de fijar el rocío celeste. En la Rosa, recordemos su
etimología, y la Cruz consiste, pues, todo el secreto de las “Bodas”...
Pero no sólo la Rosa busca a la Cruz... El ser humano, nostálgico de sus orígenes de
luz, desea unirse y comulgar con esta rosa mystica, y el único camino para llegar a
ello es a través de su vida encarnada, de su Cruz. Como afirma un texto musulmán
oponiéndose a aquellos que creen ciegamente en una liberación post mortem; “¡Oh
Amigo!, ten esperanza en él mientras vivas, pues en la vida reside la liberación”.
Una de las obras más divertidas y edificantes de la antigüedad, El Asno de oro o Las
Metamorfosis de Apuleyo nos relatan la historia de un hombre, Lucius, que pasa por
una serie de desventuras bajo la forma de un asno, hasta que logra comer una rosa
roja, consagrada a Isis. Es la historia de la Caída y de la Redención.
Esta historia sería la mejor explicación del adagio rosacruz: Per Crucem ad Rosam.
Lucius, como su nombre indica, es la luz prisionera en el ser humano, el hombre
interior caído que ha de comulgar con la Rosa para deshacerse de su piel de bestia y
recobrar su dignidad perdida. Pero, ¿cuál es el papel del asno? Todo depende de
donde nos situemos. Este animal, símbolo de Tifón entre los egipcios, representa al
hombre exterior, a la piel de bestia que nos recubre y nos oprime;5 pero si lo
considerarnos desde un punto de vista más elevado, veremos que en su espalda se
dibuja la forma de una cruz. Es, pues, a través de él, por horroroso que nos parezca,
como podemos llegar hasta Isis y comer la Rosa. Esta “piel de bestia”, cruz dolorosa,
resultado de la Caída, va a ser, indirectamente, quien nos permita alcanzar la
regeneración; por eso hemos de cantar, como lo ha hecho durante muchos siglos la
Iglesia: Felix Culpa ¡Feliz Culpa!
Aquel que no lleve su cruz y no me siga,
no podrá ser mi discípulo.
Lucas X-28
JULI PERADEJORDI
5 Ver nuestra introducción al Apocalipsis de Esdrás, obra publicada en esta misma colección. Como Adán
y Eva, Lucius peca por curiosidad, pero del mismo modo, tal y como lo afirman varios santos padres, sin
Adán, Cristo no habría sido posible, si Lucas no hubiera pecado, nunca habría llegado a comulgar con
Isis.
JORNADA PRIMERA
Una noche, algo antes de Pascua,1 estaba sentado a la mesa y,2 como tenía por
costumbre, conversaba con mi Creador en humilde oración. Ardiente por el deseo de
preparar en mi corazón un pan ácimo3 inmaculado con la ayuda del bienamado
cordero Pascual, meditaba profundamente acerca de los enormes secretos que, en su
majestad, el padre de la Luz me ha dejado contemplar en tan gran número. De
pronto, el viento se puso a soplar con una violencia tal, que pareció que la montaña4
en la que había excavado mi morada iba a hundirse bajo sus ráfagas.
Sin embargo, como esta tentativa del diablo, que con frecuencia me ha causado
muchas penas, no tuvo éxito, proseguí con mi meditación. De pronto sentí que me
tocaban en la espalda: me asusté tanto que, aunque al mismo tiempo sintiera un gozo
como no puede conocer la flaqueza humana sino en parecidas circunstancias, no me
atreví a volverme. Acabé, sin embargo, volviéndome, pues continuaban tirando de mis
ropas reiteradamente, vi una mujer de extraordinaria belleza cubierta con un vestido
1 Pascua significa “pasaje”, “paso”. La Pascua o “Pessaj” es la fiesta más solemne de los hebreos, que la
celebraban a la mitad de la luna de marzo, en memoria de la libertad del cautiverio de Egipto. Los cristianos
le han dado el mismo nombre el día que celebran en memoria de la Resurrección del Señor, el domingo
siguiente al plenilunio posterior al 21 de marzo, o sea al equinoccio de primavera, según lo estipulado en el
año 325 en el Concilio de Nicea. La Resurrección de Jesucristo evoca muy claramente el paso de la muerte
a la Vida. Christian Rosacruz va a experimentar a partir de ahora un tránsito, un paso de su estado actual a
otro que le permitirá asistir a las bodas. Observaremos, más adelante, que le será preciso revestirse de “una
ropa de lino blanco”.
2 La expresión “a la mesa” resulta curiosa si observamos que Christian Rosacruz acaba de finalizar sus
oraciones. ¿No se trataría de la mesa de trabajo donde “labora” el que antes ha “orado”? Ésta parece ser la
mesa delante de la que está el “bateleur” o “Mago” del primer arcano mayor del Tarot.
3 La expresión “a la mesa” resulta curiosa si observamos que Christian Rosacruz acaba de finalizar sus
oraciones. ¿No se trataría de la mesa de trabajo donde “labora” el que antes ha “orado”? Ésta parece ser la
mesa delante de la que está el “bateleur” o “Mago” del primer arcano mayor del Tarot.
4 El simbolismo de la montaña es harto complejo. Participa al mismo tiempo de la idea de elevación. de cima
que alcanzar, y de la de “centro”, La “Montaña del Centro del Mundo” de la mitología Taoísta, morada de
los inmortales, era el lugar donde crecía el melocotonero, cuyos frutos conferían la inmortalidad...
La montaña, uniendo el Cielo y la Tierra, une el inundo divino al de los hombres. Es en el plano que
representa donde tienen lugar las hierofanías y las apariciones sobrenaturales. Para los Babilonios, El
Jardín de Edén estaba en lo alto de una montaña. La Montaña del Centro del Mundo de los taoístas, el
Olimpo griego, el Alborj persa, el Moriah masónico, el Montsalvat del Graal o la Montaña de Qaf
musulmana evocan todos la misma realidad.
Entre los antiguos egipcios existía la creencia en la montaña del Amentí, la Montaña de la vida, del
renacimiento, cuyo señor era Osiris. Allí se operaba la resurrección de los muertos. La ascensión a la
montaña, que casi siempre es santa, era el verdadero camino de los dioses, que conduce a la salida a la luz
del día.
Entre los alquimistas existía la creencia de que la materia se encuentra en la montaña. Para algunos,
Christian Rosacruz en su montaña sería una manera de evocar a la materia en su mina. En un sueño del
alquimista Colleçon podemos leer: “La verdadera materia de la Medicina perfecta, y esta única cosa, se
encuentra solamente en esta Montaña, en el fondo de un pozo seco, de donde se extrae con una ágil y
liante cuerda de fuego que causa más estragos en el fondo y en todos los lados de este pozo que todas las
materias del mundo. No quiero negarte que sea dificultoso penetrar en esta Montaña, a causa de su
opacidad, dureza y unión de las partes esenciales...”
azul delicadamente tachonado de estrellas de oro, como el cielo. En su mano derecha
llevaba una trompeta5 de oro en la que pude leer un nombre que luego me prohibieron
revelar; en su mano izquierda apretaba un voluminoso paquete de cartas, escritas en
todas las lenguas que, como supe después, debía distribuir en todos los países. Tenía
unas grandes y hermosas alas cubiertas de ojos; con ellas volaba más rápido que el
águila. Hubiera podido ver más cosas, pero como no se quedó junto a mí sino muy
poco tiempo y como yo estaba aún aterrorizado y maravillado, no me fijé en nada
más. Cuando me giré, buscó en su paquete de cartas y depositó una sobre mi mesa
haciendo una profunda reverencia; después me abandonó sin pronunciar palabra. Al
alzar el vuelo tocó su trompeta con tanta fuerza que resonó por toda la montaña y yo
mismo fui incapaz de escuchar mi propia voz durante casi un cuarto de hora.
No sabiendo qué partido tomar ante tan extraordinaria aventura, caí de rodillas y
rogué a mi Creador que me protegiera de todo lo que pudiera ser contrario a mi
salvación eterna. Temblando de miedo cogí entonces la carta, y la encontré tan
pesada como si toda ella fuera de oro macizo.6 Examinándola con cuidado, descubrí el
sello minúsculo que la cerraba y que contenía una cruz delicada con la inscripción: In
hoc signo vinces.7
5 Gracias a esta frase nos damos cuenta ya desde las primeras líneas de las Bodas Alquímicas del
contenido apocalíptico y mesiánico de la obra. Para una mayor comprensión de la escena que aquí nos
pinta el autor, será necesario recordar algunos pasajes evangélicos. El temblor de la montaña en la que está
situada la morada de Christian Rosacruz, correspondería a “la tribulación de aquellos días” cantada en
Mateo XXIV-29, Marcos XIII-24 o Lucas XXI-11. El versículo 31 del mismo capítulo de San Mateo explica
que “el Hijo del Hombre enviará sus ángeles con resonante trompeta y reunirá de los cuatro vientos a sus
elegidos”; lo mismo ocurre en las Bodas.
El tema del nombre que Christian lee en la trompeta, pero que no le está permitido repetir ha sido
interpretado de diferentes maneras: para unos se trataría del “Verbum Dimissum”, la “Palabra
Abandonada” de la Masonería; para otros del nombre de la “materia prima de los alquimistas”, aunque
personalmente vemos una reminiscencia del misterioso nombre que aparece en el Apocalipsis XIX-12 y 13.
Pero, ¿no se referirán todos estos nombres al mismo misterio?. Las alas del personaje son para indicar que
se trata de un ángel. Por otra parte, la palabra ángel significa literalmente enviado, embajador. Del mismo
modo que María recibió en primavera la feliz Anunciación, en esta importante época del año Christian es
testigo de una aparición. El ángel femenino que se le aparece bien podría ser una hierofanía de su propia
alma, pacientemente purificada a través de la plegaria, dotada de los ojos de la omnisciencia, semejante a la
narrada en el Canto de la Perla.
6 Iremos observando, a lo largo de todo el relato de las Bodas Alquímicas la importancia del peso. El mismo
libro y lo narrado en él tiene también un gran peso, en el sentido de que no se trata de algo irreal, etéreo o
fantástico. Todo se refiere a una realidad diferente, a un mundo material distinto al nuestro, en el que el
peso y la calidad predominan sobre las apariencias y la cantidad. Es el sentido de la palabra hebrea kavod
= gloria.
7 Por este signo vencerás. Alusión a la famosa luz vista en sueños por el emperador Constantino,
alrededor de la cual aparecieron estas proféticas palabras y que hizo pintar en su lábaro. La cruz es uno de
los símbolos más antiguos, apareciendo en todas las tradiciones y religiones, anteriores o no al
cristianismo. Recordemos únicamente la cruz ansada de los egipcios. Para los alquimistas, la cruz era uno
de los símbolos del crisol; en efecto, crucibulun, crisol, procede de la misma raíz que crux, cruz. Aparte de
muchas otras cosas, la cruz evoca el misterio de la Encarnación. Cristo pudo ser crucificado porque estaba
encarnado, gozando de un cuerpo físico. Si la tradición popular nos enseña que el Diablo aborrece las
cruces y huye de ellas, es también por esta razón. Su tendencia es separar, desencarnar, y de ningún modo
podría soportar la presencia de un símbolo como la cruz, que no sólo evoca el misterio que tanto aborrece,
Cuando vi el signo volví a tomar confianza pues este sello no habría agradado al
diablo que, ciertamente, no usaba de él. Abrí, pues, la carta y leí los siguientes versos
escritos en letras de oro sobre campo de azur:
Hoy, Hoy, Hoy,
son las bodas del rey;
si has nacido para tomar parte en ellas
elegido por Dios para el gozo,
dirígete a la montaña
que tiene tres templos
a presenciar los acontecimientos.
Ten cuidado contigo,
examínate a ti mismo.
Si no te has purificado con constancia
las bodas te perjudicarán.
Infortunio para quien se retrasa allí abajo.
Que se abstenga quien sea demasiado ligero.8
Al pie y como firma: Sponsus y Sponsa.
Leyendo esta epístola a punto estuve de desvanecerme; se me erizaron los cabellos y
un sudor frío bañó mi cuerpo. Comprendía que se trataba de las bodas que me habían
sido anunciadas siete años antes en una visión; las había esperado y deseado con
ardor y había calculado su fecha estudiando minuciosamente los aspectos de mis
planetas; pero nunca sospeché que se celebrarían en condiciones tan graves y
peligrosas. En efecto, me había imaginado que no tendría más que presentarme a las
bodas para ser acogido como huésped bienvenido y he aquí que todo dependía de la
elección divina. No estaba muy seguro de encontrarme entre los elegidos; más aún,
cuando me examinaba no encontraba en mí sino inteligencia e ignorancia de los
sino también prefigura el otro gran Misterio cristiano: la Resurrección. Por otra parte, el verbo “vencer”
procede de una raíz que significa unir, vincular. Tal es el sentido de las Bodas.
8 En forma de poema, esta bella carta invita a Christian Rosacruz a las Bodas Alquímicas después de pasar
por unas pruebas de purificación y de lustración: la montaña a cuya cima ha de subir es, en el fondo, la
misma en cuyo interior habita. Recordemos que la montaña de Qaf de los musulmanes envuelve sutilmente
al mundo terrestre. Se trata de la Montaña de la Sabiduría Eterna cuya ascensión comienza a partir de la
caverna. Los tres templos que la coronan podrían referirse tanto a las tres cruces del Gólgota, como a la
santísima Trinidad o a los tres principios alquímicos, Azufre, Mercurio y Sal. Para el mismo Rosacruz los,
tres templos constituyen un enigma que, a pesar de sus esfuerzos, no lograba aclarar en sus meditaciones.
De nuevo aparece el tema del peso.
misterios, una ignorancia tal que no era capaz de entender ni el suelo que pisaban mis
pies, ni los objetos de mis ocupaciones diarias; con mayor razón aún no debía estar
preparado para profundizar y conocer los secretos de la naturaleza. A mi parecer, la
naturaleza podría encontrar en cualquier parte un discípulo más preparado a quien
confiar sus preciosos tesoros, aunque temporales y perecederos. Igualmente caí en la
cuenta de que mi cuerpo, mis costumbres externas y el amor fraterno por mi prójimo,
no eran precisamente de una pureza deslumbrante; así, el orgullo de la carne aún se
manifestaba por su tendencia a la consideración y a la pompa mundanas y la falta de
atención hacia mi prójimo. Estaba todavía constantemente atormentado por el
pensamiento de actuar en provecho propio, por construirme palacios, por hacerme un
nombre inmortal en el mundo y por otras veleidades de esta índole.
Pero fueron sobre todo las oscuras palabras referentes a los tres templos las que me
sumieron en una gran inquietud; mis reflexiones no llegaron a esclarecerlas y tal vez
no las hubiera comprendido nunca si no me hubiera sido otorgada la clave de una
fórmula maravillosa. Dudando entre el temor y la esperanza, pesaba los pros y los
contras sin llegar a constatar más que mi impotencia y mi flaqueza. Sintiéndome
incapaz de tomar una decisión, temeroso ante esta invitación, traté de hallar una
solución por mi camino habitual, el más seguro; me abandoné al sueño tras una
oración intensa y ardiente,9 en la esperanza de que mi ángel quisiera aparecérseme,
con el permiso divino, para poner fin a mis dudas como ya me había ocurrido algunas
veces. Y una vez más así fue, alabado sea Dios, para mi bien y para ejemplo y
enmienda de mi prójimo.
Apenas me hube dormido, me pareció estar acostado en una torre sombría junto a
una multitud de otros hombres; en ella, atados a pesadas cadenas, bullíamos como
abejas sin luz, incluso sin el menor resplandor, lo que agravaba más nuestra aflicción.
Ninguno de nosotros podía ver nada y, no obstante, oía a mis compañeros que se
peleaban continuamente los unos con los otros porque la cadena de uno era quizás un
poco más ligera que la de otro, sin considerar que no había razón para despreciarse,
pues todos no éramos sino pobres idiotas.10
Tras padecer este dolor durante mucho tiempo, tratándonos recíprocamente de
ciegos y de idiotas, oímos finalmente sonar numerosas trompetas y redoblar
tambores, lo que nos sirvió de regocijo y apaciguamiento en nuestra cruz. Mientras
escuchábamos, se levantó el techo de la torre y un poco de luz llegó hasta nosotros.
Entonces se nos pudo ver cayendo los unos sobre los otros, pues todo el mundo se
agitaba en desorden de manera que el que antes estaba arriba, ahora se encontraba
abajo. En cuanto a mí, tampoco permanecí inactivo, sino que me deslicé entre mis
compañeros y, a pesar de mis fatigantes ataduras, trepé a una roca, aunque también
allí fui atacado por los otros, a los que respondí defendiéndome lo mejor que pude,
con mis manos y mis pies.
9 El autor nos enseña aquí una técnica oculta sumamente importante. ¡Que el que pueda entender,
entienda!
10 ¡Magnífica evocación del tragicómico estado del hombre caído!
Cuando los señores que nos miraban desde arriba por el agujero de la torre se
hubieron divertido un poco con la agitación y los gemidos, un viejo canoso nos ordenó
que nos calláramos, y cuando se hizo el silencio habló en los siguientes términos, si la
memoria no me falla:
Si el pobre género humano
quisiera dejar de rebelarse,
recibiría bienes incontables
de una madre verdadera,
pero como se niega a obedecer,
permanece con sus inquietudes
y permanece prisionero.
Pese a todo, mi querida madre no desea
guardarle rencor por su desobediencia;
y permite que sus preciosos bienes
salgan a la luz con bastante frecuencia;
aunque los alcancen muy raramente
para que se les aprecie,
pues si no serían tomados como fábulas.
Por ello, en honor de la fiesta
que celebramos hoy,
para que se le den gracias más frecuentemente,
quiere hacer una buena obra.
Se hará bajar la cuerda;
quien se cuelgue de ella
hallará la libertad.
Apenas acabó este discurso cuando la vieja dama ordenó a sus servidores que
lanzaran siete veces la cuerda al interior de la torre y que la subieran con los que
hubieran podido asirla.¡Dios mío! Lástima que no pueda describir con mayor fuerza la
angustia que se apoderó entonces de nosotros, ya que todos intentábamos
apoderarnos de ella obstaculizándonos mutuamente por esa misma razón. Pasaron
siete minutos, después sonó una campanilla; a dicha señal los servidores subieron la
cuerda con cuatro de nosotros.11 En estos momentos yo estaba bien lejos de poder
alcanzarla pues, para mi desgracia, y como ya he dicho, me hallaba subido en una
roca adosada al muro de la torre desde lo cual no se podía coger la cuerda que bajaba
por el centro.
La cuerda fue tendida una segunda vez; pero muchos teníamos cadenas demasiado
pesadas y manos muy delicadas para sujetarnos a ella y, al caer, arrastrábamos a
otros que quizá se hubieran mantenido. Y éramos tan envidiosos en nuestra miseria
que hubo quien, no pudiendo cogerla, arrancaba de ella a los demás.
11 El cuatro parece ser una constante. Según el Talmud “Cuatro sabios penetraron en el Paraíso ...”
En cinco idas y venidas muy pocos se liberaron, pues ocurría que cuando sonaba la
señal, los servidores se llevaban la cuerda con tal rapidez que la mayoría de los que
la habían cogido caían unos sobre otros. La quinta vez subió completamente vacía,
por lo que muchos de nosotros, entre ellos yo, perdíamos las esperanzas de vernos
libres; imploramos, pues, a Dios para que tuviera piedad de nosotros y nos sacara de
estas tinieblas ya que las circunstancias eran propicias; algunos fuimos escuchados.
Como la cuerda se balanceaba cuando la retiraban, pasó delante de mí, quizá por la
voluntad divina; la cogí al vuelo agarrándome a ella por encima de todos los demás; y
así fue como, contra toda esperanza, salí de allí. Fue tan grande mi alegría12 que ni
sentí las heridas que una piedra aguda me hizo en la cabeza mientras subía; sólo me
di cuenta cuando tuve que ayudar a los otros liberados a retirar la cuerda por séptima
y última vez. Entonces, y debido al esfuerzo que hice, la sangre se esparció por todas
mis vestiduras sin que, en mi alegría me diera ni cuenta.13
Tras la última estirada, que traía un mayor número de prisioneros, la dama encargó a
su viejísimo hijo (cuya edad me sorprendía enormemente) que exhortara al resto de
los prisioneros que aún quedaban en la torre. Tras una breve reflexión, éste tomó la
palabra de la siguiente manera:
Queridos hijos
que ahí abajo estáis,
se ha terminado
lo que hace largo tiempo estaba previsto.
Lo que la gracia de mi madre
le concedió a vuestros hermanos,
no lo envidiéis.
Pronto vendrán tiempos felices
en los que todos serán iguales;
no habrá más pobres ni ricos.
Aquel a quien se ha pedido mucho
deberá dar mucho.
Aquel a quien se ha confiado mucho
deberá rendir cuentas estrictas.
Que acaben, pues, vue stras amargas quejas,
¿qué son estos pocos días?
12 Esta alegría se ve perfectamente expresada en el Arcano XVI del Tarot de Marsella, la “Maison Dieu”,
incorrectamente traducido por “La Torre de la Destrucción”. Los dos personajes que en él aparecen están
bailando de alegría. Se trata, en realidad. de la “Casa de Dios”, del “Betel” de los hebreos, que
corresponde a la “Puerta del Cielo”. En Astrología, el signo de Cáncer recibe el nombre de “Puerta del
Cielo”. En medio de este signo está la estrella fija Sirio, que los egipcios identificaban a Isis. El arcano XVII
del Tarot, el que sigue a la “Casa de Dios” corresponde a Isis, que bien podría ser la Dama que aparece en
esta escena. Nos hemos referido a este Arcano en nuestra Introducción. Ver también Génesis XXVIII-17.
El tema de la salida de un pozo o de una fosa gracias a una o varias cuerdas es corriente en la Kabala. Ver a
este respecto el Zohar I-112 b y el Quijote. segunda parte. cap. XXIII.
13 Y sin que nos demos cuenta, he aquí el momento principal de la iniciación de nuestro personaje.
Cuando hubo acabado, fue colocado el techo de nuevo sobre la torre. Resonaron
trompetas y tambores pero el esplendor de su sonido no logró silenciar los gemidos
de los prisioneros que se dirigían a todos los que estaban fuera, lo que me hizo llorar.
La anciana dama se sentó junto a su hijo en el lugar dispuesto para ella e hizo contar
a los que habíamos sido liberados. Cuando conoció el número y lo inscribió en una
tablilla de oro, preguntó el nombre de cada cual, que fue anotado por un paje. A
continuación nos miró, suspiró y dijo a su hijo (yo lo oía muy bien): “¡Ay!.. cómo
compadezco a los pobres hombres de la torre; ojalá Dios me permita liberarlos a
todos”. El hijo respondió: “Madre, Dios lo ha ordenado así y no debemos
desobedecerle. Si todos fuéramos señores y poseyéramos los bienes de la Tierra,
¿quién nos serviría cuando estuviéramos en la mesa?”. Su madre no respondió nada.
Un momento después, dijo: “Libertad a éstos de sus cadenas”. Lo hicieron con
rapidez pero a mí me tocó ser de los últimos. Habiéndome fijado primero en cómo se
comportaban mis compañeros, no pude resistirme a inclinarme ante la anciana dama
y dar gracias a Dios quien, a través de ella, había tenido a bien en su gracia paternal,
sacarme de las tinieblas a la luz. Los demás siguieron mi ejemplo y la dama se
inclinó.
Cada cual recibió como viático una medalla conmemorativa de oro; había en el
anverso una efigie del sol naciente y, en el reverso, si la memoria no me falla, tres
letras: D. L. S.14
Luego nos despidieron exhortándonos a que sirviéramos al prójimo para gloria de
Dios y a que mantuviéramos en secreto lo que nos había sido confiado; lo prometimos
y nos separamos.
Yo no podía andar bien por culpa de las heridas15 que me habían hecho las argollas
que habían aprisionado mis pies, y cojeaba de ambas piernas. La anciana dama se dio
cuenta, se rió, me llamó y me dijo: “Hijo mío, no te entristezcas por esta enfermedad,
recuerda tus flaquezas y da gracias a Dios por permitirte llegar a esa luz elevada
pese a tu imperfección, mientras que aún vives en este mundo, sopórtalas en
memoria mía”.
En este momento sonaron repentinamente las trompetas y me sobresalté tanto que
desperté. Sólo entonces comprendí que había soñado. No obstante, este sueño me
impresionó tanto que todavía hoy me inquieta e incluso me parece sentir las llagas en
mis pies.
14 Estas siglas podrían significar Deus Lux Solis, Dios, luz del Sol o Deus Laus Semper, loado sea siempre
Dios.
15 Christian Rosacruz cojea porque es imperfecto: sin la gracia divina el hombre está cojo y no puede
penetrar en el jardín de la Sabiduría, como indica la lámina XXVII de la “Atalanta Fugiens” de Miguel
Maier.
Fuera como fuera, comprendí que Dios me permitía asistir a unas bodas ocultas y por
ello le di gracias, en su divina majestad, en mi piedad filial, y le rogué que conservara
en mí siempre su temor, que llenara día a día mi corazón de sabiduría y de
inteligencia y que, a pesar de mis escasos méritos, me llevara con su gracia al fin
deseado.
Después me preparé para el viaje; me puse mi ropa de lino blanco y me ceñí una cinta
de color rojo sangre dispuesta en cruz que pasaba por mis hombros. Até cuatro rosas
rojas16 en mi sombrero, en la seguridad de que todas estas señales iban a servir para
que se me distinguiera enseguida entre la multitud. Me alimenté con pan, sal y agua,
y posteriormente, siguiendo los consejos de un sabio, me serví útilmente de ellos en
varias ocasiones.
Pero antes de salir de la caverna, listo para la marcha y vestido con mi ropa nupcial,
me arrodillé y rogué a Dios que permitiera que todo lo que iba a ocurrir sucediera
para mi bien; después, le prometí servirme de las revelaciones que me pudieran ser
hechas para extender Su nombre y para el bien de mis prójimos, pero no para
alcanzar honores y una consideración banal. Una vez formulado este voto, salí de la
celda lleno de alegría y también de esperanza.

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